"El cristiano ha de ser como nadie amigo del orden,
pero el orden no es la inmovilidad impuesta de fuera,
sino el equilibrio interior que se realiza por el cumplimiento
de la justicia y de la caridad.
No basta que haya una aparente tranquilidad
obtenida por la presión de fuerzas insuperables;
es necesario que cada uno ocupe el sitio que le corresponde
conforme a su naturaleza humana, que participe de los trabajos,
pero también de las satisfacciones, como conviene a hermanos,
hijos de un mismo Padre.
El cristiano rechaza igualmente la inmovilidad en el desorden y el desorden en el movimiento, porque ambos rompen el equilibrio interior de la justicia y la caridad.
El fiel, si quiere serlo en el pleno sentido de la palabra, es un perpetuo inconformista, que alimenta su hambre y sed de justicia en la palabra de Cristo, y que busca el camino de saciar esas pasiones devoradoras en las enseñanzas de la Iglesia que no es más que Cristo
prolongado y viviendo entre nosotros.”
pero el orden no es la inmovilidad impuesta de fuera,
sino el equilibrio interior que se realiza por el cumplimiento
de la justicia y de la caridad.
No basta que haya una aparente tranquilidad
obtenida por la presión de fuerzas insuperables;
es necesario que cada uno ocupe el sitio que le corresponde
conforme a su naturaleza humana, que participe de los trabajos,
pero también de las satisfacciones, como conviene a hermanos,
hijos de un mismo Padre.
El cristiano rechaza igualmente la inmovilidad en el desorden y el desorden en el movimiento, porque ambos rompen el equilibrio interior de la justicia y la caridad.
El fiel, si quiere serlo en el pleno sentido de la palabra, es un perpetuo inconformista, que alimenta su hambre y sed de justicia en la palabra de Cristo, y que busca el camino de saciar esas pasiones devoradoras en las enseñanzas de la Iglesia que no es más que Cristo
prolongado y viviendo entre nosotros.”
Fragmento de un discurso a Universitarios - Homenaje en la Pontificia Universidad de Chile al Padre Hurtado






